Lucas era un chico que siempre dejaba todo para el último momento. Un lunes llegó al instituto tranquilo, pensando que sería un día normal.
Al entrar en clase, la profesora anunció un examen sorpresa de matemáticas. Lucas sintió un nudo en el estómago porque no había estudiado nada. Intentó concentrarse, pero muchas preguntas no las sabía.
Cuando recibió la nota, había suspendido. Ese día entendió que debía cambiar. Desde entonces empezó a estudiar un poco cada día y nunca más volvió a temer un examen sorpresa.